La generación Z llega a la universidad por Noelia Zunino/Carlos Pérez – 12/01/2013 – 10:25

Son hijos únicos o de familias reducidas. Sobreprotegidos, pero también presionados en lo académico. Le temen al fracaso y son cautos en visualizar su futuro. Crecieron con internet y tienen escasas habilidades sociales, pero como ningún otro grupo valoran la diversidad. Los nacidos después de 1993 entran a las aulas. Y los analistas creen que le cambiarán definitivamente el rostro a la educación y a la forma en que se trabaja.

 “Creo que mi mayor miedo es la incertidumbre. Obviamente tengo una vaga noción de lo que me espera, pero aún así el no saberlo con exactitud es algo que me provoca un poco de miedo” (Teresita Santa Cruz, 18, egresada del Villa María Academy, postuló a Derecho en la U. Católica).

Nadie creería que una adolescente puede sentir que su panorama sea incierto, menos si logró puntaje nacional en Historia y egresó con un 6,6 de promedio. Creer que se las saben todas, que tienen el mundo por delante, es lo acostumbrado. Pero esa mirada parece estar obsoleta.

A los integrantes de la Generación Zeta, esos que nacieron entre 1994 y 2009, la incertidumbre y la cautela los definen. Muy distintos a los jóvenes Y, nacidos entre 1980 y 1993: hace cuatro años, en una encuesta realizada por Tendencias cuando se entrevistó a los más jóvenes de esa generación, por ejemplo, el 97% decía que era muy optimista frente a su futuro y la principal crítica hacia sus padres era lo poco arriesgados que habían sido. Sí, los Y fueron los protagonistas de la expansión del sistema universitario en Chile y aterrizaron en los lugares de trabajo exigiendo calidad de vida y ascenso rápido. Quizá, como reacción a una Generación X (sus predecesores) trabajólica, escéptica, que estuvo dispuesta a sacrificar el tiempo en familia. Pero ni el éxito fácil ni el trabajo desmedido son palabras que sean parte del vocabulario de los jóvenes Z.

Ellos nacieron con internet en la casa y no conciben la vida sin estar conectados. Hijos únicos en su mayoría, es la generación que alcanzará mayores niveles de educación y también la que tendrá menos personas en el mismo rango etario. Fueron niños sobreprotegidos, que crecieron en la abundancia, con muchas actividades programadas (la mayoría por sus propios padres), pero pocos juegos en la calle. La casa siempre fue más segura para ellos. De pocos amigos y muchos conocidos, las habilidades sociales y la empatía no son lo suyo.

Quizás por la misma globalización, es la generación más homogénea a nivel mundial, pero más cualquier otro grupo valora la diversidad: conocer gente con diferentes culturas, apreciar a hombres y mujeres por igual y aceptar todo tipo de familias.

“El aspecto de la crianza de mis papás que no repetiría en mis hijos: les enseñaría que existe un mundo más allá del que ellos viven y que no sólo lo conozcan de nombre, sino que lo vean como algo cercano y tangible” (Teresita Santa Cruz).

Este año, la Generación Z llega a la universidad. Y los analistas estiman que le cambiarán el rostro a la educación y luego al trabajo.

Nativos digitales 100%

Desde el siglo XIX, fue la tecnología lo que diferenció una generación de otra. Desde el farol a gas hasta la electricidad; del telégrafo al teléfono. Los avances fueron marcando las edades. Y este factor es fundamental para definir a los zetas, quienes son los verdaderos nativos digitales, los auténticos ciudadanos del siglo XXI. Los que conocieron internet a la misma edad que aprendieron a leer. Los que nunca usaron una cabina telefónica. Los miembros de la familia que programan el celular de los mayores.

Y claro, hablamos de una generación donde, según el estudio de Chile 3D 2012 de Collect Gfk en su medición de jóvenes de 15 a 17 años, se chatea más que ver tele (79% versus 74% en las actividades más realizadas). ¿Tiempo en el celular? 30% pasa más de 10 horas a la semana, casi el triple que la Generación X, según cifras australianas.

Pero esto también tiene sus costos: los volvió impacientes. El haber integrado la tecnología a su estilo de vida los acostumbró a las respuestas y gratificaciones instantáneas. Algunos sicólogos, incluso, plantean que esta generación tiene el “trastorno de déficit atencional adquirido”. Es decir, sin que les hayan diagnosticado el trastorno, el solo hecho de ser multitasking hace que pierdan fácilmente la concentración. Y las contras no paran ahí. La sicóloga social Jodi Stoner, en su libro Los buenos Modales son Contagiosos, dice que con esta generación habilidades sociales mínimas de cortesía van a desaparecer. Porque son menos empáticos que sus mayores. ¿La razón? El abuso de las redes sociales y la pérdida de autoridad de los padres, un fenómeno largamente estudiado en los últimos años. Cómo eludir un silencio incómodo, cómo retirarse con estilo, cómo a veces hay que decir sí cuando se quiere decir no. En ellos no se da. Lo poco que verbalizan es sin filtro.

Pero el ser nativos ciento por ciento digitales, tarde o temprano, obligará a las universidades a cambiar el estilo tradicional de enseñanza. “Los planteles necesitarán adaptarse. Estos chicos tienen más probabilidades de aprender mejor en línea. Se aburrirán si la tecnología está alejada del proceso de aprendizaje, porque es parte de ellos”, dice a Tendencias Diane Cherry, investigadora de la Generación Z en el Instituto de Asuntos Emergentes de la U. Estatal de Carolina del Norte. Y, aunque usted no se haya dado cuenta, en Chile esta realidad ya se ve en los colegios. Raúl Zarzuri, director del Centro de Estudios Socioculturales, comenta que los estudiantes de enseñanza media creen que la forma de enseñar no tiene mucho sentido. “Esto no tiene marcha atrás. Son las universidades las que tendrán que adaptarse a los jóvenes. No más profesor que sea el dios, el dictado y la pizarra”, dice.

“Actualmente hay personas exitosas que no poseen título profesional. Claro, es importante porque, tenerlo o no, puede abrir puertas, pero tampoco hay que cegarse por ello” (Carolina González, 18, egresada del Carmela Carvajal, postuló a Derecho en la U. de Chile).

Y si la forma de enseñar de las universidades cambiará, la manera en que esta nueva generación concibe el tener un cartón será diametralmente opuesta. Los “sin un título no eres nadie” o “carretea, pásalo bien pero saca la carrera” dejarán de existir por una mirada mucho más utilitaria: para los Z el título ya no es el símbolo de estatus que significó para los X y los Y, sino una simple acreditación para ejercer la profesión. Con esto concuerda el demógrafo australiano y autor del libro El ABC de XYZ, entendiendo las generaciones globales, Mark McCrindle, quien plantea que las opciones de cursos por internet o de conseguir diplomas en otros países han abierto el abanico educacional. “Sabemos que la educación importa mucho más que antes, y que compiten de manera global, pero no tienen un compromiso tan fuerte hacia ella”, dice a Tendencias.

Generación cauta

“Siempre que uno piensa en el futuro, se me vienen a la mente algunos miedos, yo creo que principalmente es el miedo a fracasar o a no llegar a donde uno tenía pensado, que tus metas no se cumplan” (Catalina Fernández, 18, egresada de la Scuola Italiana y postuló a Medicina en la U. de los Andes).

Si la cautela es lo que más diferencia a la Y de la Z, también es lo que más los acerca a la X, la generación de sus padres. Ellos les inculcaron, según McCrindle, una de las características propias de los jóvenes de los 80: nada es permanente ni absoluto. Todo se puede conseguir, pero esforzándose al máximo. Por eso, a pesar de ser la generación que ha crecido con mejor situación económica, al menos en Chile, son mucho más moderados a la hora de apostar por el éxito.

Algo que para los especialistas era previsible. Además de los sermones y consejos paternos, estos jóvenes crecieron en un mundo que era percibido como peligroso. Si sus padres y hermanos mayores temían al viejo del saco, ellos absorbieron los nuevos miedos de los adultos: la caída de las Torres Gemelas, las enfermedades globales y los secuestros. Les enseñaron que el riesgo estaba a la vuelta de la esquina y nada era seguro.

Según Bruce Tulgan, autor de libros relacionados con liderazgo y jóvenes en el trabajo, conocer este contexto los ha vuelto más inseguros sobre su futuro. Mucho más que la Generación Y. Por eso son más dudosos de lo que pasará con ellos a largo plazo.

Los padres prefirieron que cambiaran los peloteos en la calle por las consolas, las que se transformaron en la solución más sencilla para que los niños estuvieran adentro, siempre. Un estudio de Unicef hecho en 2007 en 12 países, mostró que los niños chilenos eran los que menos jugaban al aire libre (23%). Su entretención era la televisión. Esa sobreprotección no fue sólo por el peligro. Hay un motivo demográfico detrás: la tasa de natalidad y el número de hijos por hogar bajó considerablemente. En Chile pasó de 4,05 hijos por mujer en 1970, a 2,42 en 1994. Ahí surgió una combinación compleja, sus padres, pertenecientes a la Generación X, fueron los más trabajólicos y los primeros en divorciarse; por tanto, los más culposos frente a estos hijos únicos.

La irrupción de los padres helicóptero llegó en su máximo nivel: sobreprotectores y consentidores. Muy consentidores. La mitad de los niños de 4 y 5 años en 2007 era dueño de un televisor, según el estudio de McCann Erickson. En Chile, estos padres reconocen que gastan $800 mil pesos al año en consentir a un solo hijo (Encuesta U. de Talca 2011 ). Y también exigentes. Sobre todo en materia de estudio. Según una encuesta de McCrindle, 70% de los padres saben que sus hijos se sienten presionados para alcanzar el éxito académico. “El problema es que los Z tienen muchas expectativas y muchas oportunidades. Quieren ser ricos, famosos, inteligentes, exitosos. Una familia normal, una vida tipo, puede no satisfacer sus expectativas. Sentirán que han fallado”, dice McCrindle.

Por lo mismo, los adultos de esta generación serán más cautos en sus decisiones de vida. Menos propensos a tomar riesgos. “Son muy cercanos a sus padres, a diferencia de otras generaciones. Consultan sus decisiones, porque tienen gustos en común. Eso influye en su decisión de no independizarse o arriesgarse”, dice Neil Howe, historiador estadounidense que estudió los ciclos generacionales en Estados Unidos.

En sus estudios, McCrindle ha encontrado que toman sólo los riesgos que saben que pueden superar. “Pero la idea no es esa, sino tomar los riesgos y sus resultados, aunque sean negativos, como parte de la vida”, dice.

“Tengo que admitir que soy de pensar mucho antes de actuar. Le doy mil vueltas antes de decidir. Creo que es por la necesidad de que todo salga bien” (Esteban Romero, 18, egresado del colegio San Agustín y postuló a Medicina en la U. de Chile).

Trabajadores del 2020

“Mi trabajo ideal es desde mi casa, donde me sienta cómodo. En un horario que no sobrepase las 17 horas, con un sueldo regular y que me satisfaga” (Agustín Sepúlveda, 18, egresó del San Agustín, postuló a Arquitectura en la UC).

Algún día llegarán a las oficinas y no será menor, mal que mal será el aterrizaje en el universo productivo de la generación más educada (en lo académico, claro está) de la historia de Chile. Ingresaron al sistema educativo en 2000, dos años antes de que el gobierno chileno decretara los 12 años obligatorios de escolaridad y en ese momento la Unesco proyectó que tendrían, en promedio, 13 años de educación. Bastante mayor a los 11 años que, también en promedio, experimentaron sus padres en los 80.

Y cuando ese día llegue, cuado estos universitarios se gradúen, la mayoría de los Baby Boomers (aquellos nacidos desde (1946 a 1964) se habrá jubilado. En lo que será el mayor cambio generacional en el lugar de trabajo con la llegada de los Z. Nuevos trabajadores con características propias. Howe explica que debido a la relación que mantuvieron con sus padres, estos jóvenes buscarán la aprobación de sus jefes, tal como generaciones más antiguas: “En el lugar de trabajo quieren estar seguros de que lo que hacen es un éxito y que su jefe esté satisfecho y lo apruebe. Esta generación está fuertemente ligada al éxito y necesita aprobación todo el tiempo”, dice.

Al comienzo, tendrán formas de trabajar que serán incomprendidas, sobre todo por los X. Por ser multitasking estarán más enfocados a hacer muchas tareas y a olvidarse de la precisión. Diane Cherry, quien estudia la Genración Z en el Instituto de Asuntos Emergentes de la U. Estatal de Carolina del Norte, explica a Tendencias que como están más acostumbrados a la comunicación online que cara a cara, serán mejores para trabajar en grupos, de forma colaborativa, en un ambiente más técnico, con frases cortas y gráficos, que escribiendo largos párrafos donde se requiera reflexión. Pero también tendrán la habilidad de adaptarse a los cambios y con un perfil menos competitivo. Porque prefieren unir ideas que separarlas.

Presentarán equilibrios en comparación con generaciones anteriores: tendrán la responsabilidad de los X y la devoción por el tiempo libre de los Y. De acuerdo con Cherry, el dilema de vida y trabajo que preocupa a esas generaciones irá decreciendo, principalmente porque evitarán trabajar en horarios y lugares fijos. Y si bien serán menos trabajólicos que sus padres, según dice Juan Ignacio Silva, manager de Page Personnel, les importará de igual forma que a ellos el dinero para sentirse seguros y estables. Y eso los motivará, McCrindle proyectó que estos jóvenes se cambiarán más de trabajo que la Y. En promedio, dice, tendrán 17 puestos laborales, en donde primará la movilidad (desde el extranjero hasta trabajo en la casa) y la reinvención.

Diversos

“En la universidad me gustaría conocer gente de distintos estratos socioeconómicos, gente más y menos talentosa. Creo que me aportaría una visión más completa de la sociedad” (Esteban Quiroz, 18, egresó del Kent School y postuló a Ingeniería en la U. de Chile).

De acuerdo con Cherry, para esta generación desaparecerá la brecha de género. Esto pasará fundamentalmente porque su principal valor es la diversidad. A esto se sumará una mayor apertura hacia las diferencias, como las sociales, raciales o religiosas. ¿El motivo? La inclusión de la tecnología a su estilo de vida los ha hecho más tolerantes. Por eso la discriminación será menor entre ellos. Y como consecuencia, el concepto de familia también cambiará. Ningún tipo de familia será menos válida que otra.

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