¿Mejores prácticas para la crianza de niños? Mire a los cazadores recolectores

La Tercera – Suplemento “Tendencias”. Sabado 5 de enero de 2013

 

EN UNA de mis visitas a Nueva Guinea, conocí a un joven llamado Enu, cuya historia de vida me pareció notable. Había crecido en una zona donde la crianza de los niños era sumamente represiva y los niños se veían agobiados por obligaciones y sentimientos de culpa. Cuando tenía 5 años, decidió que había tenido suficiente. Dejó a sus padres y se fue a otra tribu, donde tenía parientes dispuestos a hacerse cargo de él. Se topó con una sociedad adoptiva con prácticas de crianza liberales y opuestas a las de su sociedad natal. Se consideraba que los niños pequeños eran responsables de sus acciones y se les permitía hacer casi todo lo que querían. Si un bebé jugaba junto al fuego, los adultos no intervenían. Como resultado, muchos adultos tenía cicatrices de quemaduras, el legado de su comportamiento como bebés.

Esos dos estilos de crianza hoy serían rechazados con horror en Occidente. Pero el estilo de la sociedad adoptiva de Enu no es inusual en las tribus de cazadores-recolectores, donde los niños son seres autónomos y a quienes se les permite jugar con objetos peligrosos, como cuchillos afilados y fuego.

Pienso mucho en la gente de Nueva Guinea con la que he trabajado los últimos 49 años. A otros occidentales y a mí nos llama la atención la seguridad emocional, la confianza, la curiosidad y la autonomía de los miembros de sociedades de pequeña escala, no sólo de adultos, también cuando son niños. Vemos que pasan mucho más tiempo hablando entre sí y no invierten nada de tiempo en el entretenimiento pasivo de objetos externos, como televisión y libros.

Nos llama la atención el precoz desarrollo de las habilidades sociales de sus hijos. Cualidades que la mayoría admira y nos gustaría ver en nuestros hijos, pero cuyo desarrollo desalentamos al encasillarlos y al decirles constantemente lo que tienen que hacer. La crisis de identidad que afecta a los adolescentes no es problema para los niños de los cazadores-recolectores. Los occidentales que han vivido con ellos especulan que estas admirables cualidades se desarrollan debido a la crianza: con seguridad y estimulación constante, como resultado del largo período de lactancia, muchos más modelos sociales disponibles, más estimulación social a través del constante contacto físico, respuestas instantáneas del cuidador al llanto y una mínima cantidad de castigo físico.

Mantenlos cerca

En las sociedades industriales modernas, seguimos el patrón del conejo-antílope: la madre u otra persona de vez en cuando levanta y sostiene al bebé para darle de comer o jugar con él, pero no carga al niño constantemente; el niño pasa gran parte del día en una cuna o corral y por la noche duerme por sí solo, por lo general en un cuarto separado de los padres. Pero los estudios de los cazadores-recolectores modernos muestran que una guagua es cargada casi constantemente durante todo el día, ya sea por la madre o por otra persona. Cuando la madre camina, el niño es cargado en artefactos de transporte (como las bolsas de cuerda en Nueva Guinea). Hay un constante contacto piel a piel. En todas las sociedades de cazadores-recolectores humanos y de primates superiores, la madre y el hijo duermen a una distancia muy cercana, por lo general en la misma cama o colchoneta. Una muestra transcultural de 90 sociedades humanas tradicionales no identificó a ninguna donde la madre y el bebé durmieran en habitaciones separadas: la práctica occidental es un invento reciente, responsable de la batalla para poner a los niños a dormir que atormenta a los padres occidentales.

Los pediatras de EE.UU. recomiendan a los padres no dormir con los niños en la misma cama, debido a los casos en que el bebé termina aplastado; pero casi todos los niños en la historia durmieron en la misma cama con la madre y, por lo general, también con el padre, sin informes generalizados sobre las consecuencias temidas por los pediatras. Eso puede deberse a que los cazadores-recolectores duermen en el suelo duro o sobre duras colchonetas; es más probable que un padre se dé vuelta hacia el bebé en nuestras suaves camas modernas.

Incluso cuando no están durmiendo, los bebés !Kung pasan su primer año de vida en contacto piel a piel con la madre u otro cuidador el 90% del tiempo. Un niño !Kung empieza a separarse de su madre después del año y medio, pero esas separaciones son iniciadas por el propio niño, para poder jugar con otros menores. El tiempo de contacto diario entre el niño !Kung y otros cuidadores distintos a la madre supera el tiempo de contacto (incluido el contacto con la madre) de los niños occidentales modernos.

Uno de los dispositivos occidentales más comunes para transportar niños es el coche, el cual no proporciona ningún contacto físico entre el bebé y el cuidador. En muchos coches, el niño está en posición casi horizontal y a veces mirando hacia atrás. Por lo tanto el niño no ve el mundo como lo ve su cuidador. En las últimas décadas en EE.UU., los artefactos para el transporte de niños en posición vertical se han hecho más comunes, tales como los portabebés, las mochilas y los cargadores de pecho, pero muchos tienen al niño mirando hacia atrás. Por el contrario, los artefactos de transporte tradicionales ponen al niño en posición vertical, mirando adelante y viendo el mismo mundo que ve el cuidador. El contacto constante, incluso cuando el cuidador camina, el compartir el campo visual del cuidador y el transporte vertical pueden contribuir a que los bebés !Kung sean avanzados (en comparación con los bebés occidentales) en algunos aspectos de su desarrollo neuromotor.

El factor llanto/P>

Ha habido un largo debate entre pediatras y sicólogos infantiles sobre la mejor forma de responder al llanto de un niño. Por supuesto, los padres en primer lugar averiguan si el niño tiene dolor o realmente necesita ayuda. Pero si no parece haber nada malo, ¿es mejor sostener y consolar a un niño que llora o deberían dejarlo llorar hasta que se detenga?

Los observadores de los niños en las sociedades de cazadores-recolectores suelen decir que si un niño empieza a llorar, la práctica de los padres es dar una respuesta inmediata. Si un niño de la comunidad pigmea Efe comienza a inquietarse, la madre trata de consolarlo dentro de 10 segundos. Si un bebé !Kung llora, el 88% de los episodios de llanto reciben una respuesta dentro de tres segundos y casi todos los episodios reciben una respuesta dentro de 10 segundos. Las madres responden a los bebés !Kung dándoles de mamar, pero muchas de las respuestas son de personas que no son la madre, especialmente otras mujeres que reaccionan tocando o sosteniendo al bebé. El resultado es que los bebés !Kung pasan no más de un minuto de cada hora llorando, la mitad de lo medido en bebés holandeses. Muchos otros estudios muestran que los niños de un año de edad cuyos llantos son ignorados, al final pasan más tiempo llorando que los bebés que reciben una respuesta.

Comparte de la crianza

¿Qué pasa con la contribución a la crianza de los cuidadores que no son la madre y el padre? En la sociedad occidental moderna, los padres de un niño son sus cuidadores dominantes. El papel de los “padres sustitutos” (individuos que no son los padres biológicos, pero que contribuyen al cuidado) ha caído en las últimas décadas, ya que las familias se mueven más a menudo, y los niños ya no tienen la constante disponibilidad de abuelos o tíos.

En las bandas de cazadores-recolectores la crianza compartida comienza en la primera hora después del nacimiento. Los bebés Aka y Efe recién nacidos son pasados de mano en mano alrededor de la fogata, de un adulto o un niño mayor a otro, para ser besado, mecido, cantarle y hablarle en palabras que ellos no pueden entender. Los antropólogos incluso han llegado a medir la frecuencia media con la que los niños son pasados de mano en mano: ocho veces por hora. Las madres cazador-recolectoras comparten el cuidado de los niños con los padres y los padres sustitutos, incluyendo abuelos, tíos, tías abuelas, otros adultos y hermanos mayores. De nuevo, esto ha sido cuantificado por antropólogos que han medido el número promedio de cuidadores: 14 para un bebé Efe de cuatro meses de edad, siete u ocho para un bebé Aka en el transcurso de un período de observación de varias horas.

Daniel Everett, que vivió años entre los indios Pirahã de Brasil, comentó: “La mayor diferencia de la vida de un niño Pirahã y la vida de un niño estadounidense es que los Pirahã creen que son parcialmente responsabilidad de todos en el pueblo”. Al hijo de unos amigos misioneros estadounidenses, después de haber crecido en un pequeño pueblo de Nueva Guinea, donde consideraba a todos los adultos sus “tías” o “tíos”, le causó un gran impacto la relativa falta de crianza compartida cuando sus padres lo llevaron de vuelta a los EE.UU.

En sociedades de pequeña escala, los padres sustitutos son materialmente importantes en su rol de proveedores adicionales de comida y protección. Los estudios en todo el mundo coinciden en que la presencia de padres sustitutos mejora las posibilidades de un niño de sobrevivir. Pero también son sicológicamente importantes, como influencias y modelos sociales adicionales. Los antropólogos que analizan el precoz desarrollo de habilidades sociales de los niños de esas sociedades, especulan que la riqueza de las relaciones de la crianza compartida sería una explicación.

Beneficios similares se encuentran en sociedades industriales. Los trabajadores sociales en EE.UU. han notado que los niños se benefician de vivir en familias extensas y multigeneracionales que proporcionan crianza compartida. Los bebés de adolescentes estadounidenses solteras de bajos ingresos, que pueden ser inexpertas o descuidadas como madres, adquieren más habilidades cognitivas si una abuela o un hermano mayor está presente.

Dales más libertad

¿Cuánta libertad o estímulo tienen los niños para explorar su medio ambiente? ¿Se les permite hacer cosas peligrosas, con la expectativa de que deben aprender de sus errores? ¿O los padres son protectores de la seguridad de sus hijos y limitan la exploración y apartan a sus hijos si empiezan a hacer algo que podría ser peligroso?

La respuesta a esta pregunta varía entre sociedades. Sin embargo, una generalización tentativa es que la autonomía individual, incluso de los niños, es un ideal más preciado en los grupos de cazadores-recolectores que en sociedades donde el Estado considera que tiene un interés en sus niños y prohíben que los padres dejen que un menor se haga daño.

La autonomía ha sido destacada por los observadores de muchas sociedades cazadoras-recolectoras. Por ejemplo, los niños pigmeos Aka tienen acceso a los mismos recursos que los adultos y entre la gente Martu del desierto de Australia Occidental, el peor delito es imponerse sobre la voluntad de un niño, incluso si tiene apenas tres años. Los indios Pirahã consideran a los niños seres humanos sin necesidad de mimos o protección especial. En palabras de Everett: “Son tratados de manera justa y se toma en cuenta su tamaño y su relativa debilidad física, pero no son considerados cualitativamente diferentes de los adultos… Este estilo de crianza da como resultado adultos muy fuertes y resistentes, que no creen que nadie les debe nada”.

Algunas sociedades de cazadores-recolectores y agrícolas de pequeña escala no intervienen cuando los niños, o incluso los bebés, están haciendo cosas que pueden hacerles daño y que podrían exponer a un padre occidental a un enjuiciamiento criminal. A los niños Hadza se les permite agarrar y chupar cuchillos afilados.

En un grupo de cazadores-recolectores típico de alrededor de 30 personas en promedio tiene sólo una docena de niños preadolescentes, de ambos sexos y diferentes edades. Por lo que no es posible establecer zonas de juego diferentes divididas por edad, cada una con muchos niños, como es característico de las sociedades grandes. Al contrario, todos los niños forman un único grupo de juego, de múltiples edades y de ambos sexos. En esos grupos, tanto los niños mayores como los menores se benefician de estar juntos. Los pequeños, de ser socializados, no sólo por adultos, también por niños mayores; mientras que los más grandes adquieren experiencia en el cuidado de los más jóvenes. Lo que contribuye a explicar cómo los cazadores-recolectores pueden convertirse en padres confiados incluso en la adolescencia.

Lo que podemos aprender

Reflexionemos sobre las diferencias en las prácticas de crianza de los hijos entre las sociedades de pequeña escala y las sociedades estatales. Por supuesto, hay muchas variaciones. Los ideales y prácticas de crianza de niños difieren entre EE.UU., Alemania, Suecia, Japón o un kibbutz israelí. Pero todavía hay algunas similitudes básicas y también algunas diferencias básicas entre sociedades estatales y no estatales. Las primeras tienen sus propios intereses independientes relativos a los niños del Estado y esos intereses no coinciden necesariamente con los de los padres del niño. Las pequeñas sociedades no estatales también tienen sus propios intereses, pero los de la sociedad estatal son más explícitos, administrados por un liderazgo jerárquico más centralizado y respaldado. Todos los Estados quieren niños que se convertirán en ciudadanos útiles y trabajadores.

Asimismo, los Estados tienden a tener puntos de vista sobre la educación de sus futuros ciudadanos. Por supuesto, no digo que deberíamos emular todas las prácticas de crianza de los cazadores-recolectores. No recomiendo que volvamos a las prácticas de infanticidio selectivo de los cazadores-recolectores, el alto riesgo de muerte durante el parto y dejar que los niños jueguen con cuchillos y se quemen con fuego.

Sin embargo, otras prácticas de crianza de los cazadores-recolectores pueden encajar fácilmente en las sociedades estatales modernas. Es perfectamente posible para nosotros transportar a nuestros bebés en posición vertical y mirando hacia adelante, en lugar de horizontalmente en un coche o verticalmente, pero mirando hacia atrás en una mochila. Podríamos responder rápida y consistentemente al llanto de un bebé, practicar la crianza compartida de manera mucho más amplia y tener mucho más contacto físico entre niños y cuidadores. Podríamos fomentar los juegos inventados por los niños, en lugar de oponerse para proporcionar constantemente complicados juguetes llamados educativos. Podríamos organizar lugares de juego para niños de distintas edades. Podríamos maximizar la libertad del niño para explorar, en la medida en que sea seguro hacerlo.

El estilo de vida cazador-recolector funcionó bastante bien durante los casi 100 mil años de historia de los humanos modernos. Vale la pena considerar seriamente las lecciones de todas esas experiencias en la crianza de niños que duraron tanto tiempo.

*Científico estadounidense, especialista en comportamiento social y autor del libro El mundo hasta ayer. Académico de la Universidad de California en Los Angeles.

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